Introducción al arte egipcio

Francisco López – Enero de 1997

Dos son quizá los aspectos más llamativos del arte egipcio, que se desarrolló a lo largo de 3000 años. Por una parte el anonimato de sus creadores y por otra el estilo dependiente. Efectivamente, el  artista egipcio no está reconocido, es la figura del rey la que ha llegado hasta nosotros. Las mayores expresiones de arte nos llegan a través de la figura del faraón que era quien encargaba los trabajos, mientras que el ejecutor de las obras permanece casi siempre en el anonimato. Por otra parte el arte egipcio, con 3000 años de expresiones artísticas, nunca se vio influenciado ni por los acontecimientos históricos  ni por tendencias extranjeras, más bien todo lo contrario. Fueron los invasores quienes se vieron influenciados por las expresiones egipcias.

El arte egipcio está influenciado profundamente por la religión y por el centralismo político que trata de exaltar el poder absoluto de los reyes y la grandeza de su reino. Como en la vida cotidiana el egipcio estaba altamente influenciado por sus creencias en el Más Allá y fundamentalmente por el concepto de eternidad y durabilidad, y fueron estas ideas las que determinaron su producción artística. El egipcio creía que el alma vive en los alrededores del cuerpo, el difunto era rodeado del ajuar funerario y de ushebits, que son sus dobles y sus ayudantes en la otra vida, por que tienen el poder de animar lo inanimado. Para el egipcio hay posibilidades de felicidad en la otra vida. En Mesopotamia el muerto lleva una existencia más desgraciada y si es olvidado por sus familiares pasará desgracias en el Más Allá, de ahí la existencia de un arte funerario egipcio frente al arte más severo de Mesopotamia.

El artista era normalmente un funcionario al servicio del estado o de los templos. El oficio era aprendido en escuelas que enseñaban los cánones establecidos y normalmente pasaba de padres a hijos. Aunque el artista era anónimo, no firmaba sus obras y muy pocos nombres han llegado hasta nosotros, no lo era para sus contemporáneos y algunos estaban altamente reconocidos como lo prueba la decoración de algunas tumbas de artistas. Pero el artista no tiene independencia en su creación, todo lo que creaba debía estar de acuerdo a unos cánones, es por tanto falto de originalidad. Como ya observó Platón el arte es repetitivo, se emplean los mismos colores, los mismos esquemas durante siglos.

Cuando hablamos de arte egipcio, debemos abstraernos del concepto propiamente dicho. El egipcio no entendía el arte como podemos hacerlo nosotros en la actualidad. Los objetos no se creaban con una intencionalidad propia del artista. Para todos nosotros el arte incluye reglas que permiten hacer las cosas bien, pero sobre todo es belleza, por que lo que confiere a un objeto su valor artístico es el hecho de estar bien hecho, más que el sentido práctico para el que se ha creado. Ahora bien el artesano egipcio, y decimos artesano por que no existía diferencia entre el creador de vasijas y el pintor de sarcófagos en cuanto a término artístico, hace las cosas en su sentido práctico. Muy pocas obras fueron producto del “arte por el arte”. Un obelisco se crea por que representa el camino hacia el cielo, una pirámide o una mastaba es ante todo el lugar de residencia de los difuntos y los relieves e las tumbas tienen un sentido mágico y religioso. Obviamente tampoco podemos excluir el sentido de belleza de las manifestaciones egipcias, pues en ese caso ni los templos ni la orfebrería por ejemplo entraría en el concepto, pero lo que se exigía era que un objeto realizase la función primaria para la que fue concebido y posteriormente que la ejecución resultase lo más perfecta y bella posible.

En arquitectura se construyen grandes monumentos (palacios, templos y tumbas), en escultura lo más destacable es el relieve por que responde a una serie de convencionalismos para representar las 3 dimensiones y el efecto de profundidad. El cuerpo se divide representando cada una de las partes de la forma que parece más expresiva; el ojo de frente, la cara, piernas  y pies de perfil, el busto de frente y con el tiempo este se colocará en 3/4. El relieve se caracteriza por una altura jerárquica de las figuras representadas, composición por filas para evitar la perspectiva, árboles caídos de lado y casas vistas como un armario abierto. En la escultura no se trata de representar formas realistas sino respondiendo a un canon ideal. Sólo Ajenatón trató, durante su reinado, de crear un arte más real, limitando la idealización. Los labios se representan más gruesos, se alargan los cuellos o se crean vientres abultados.

Los Principios del Artista egipcio

Hemos visto en la introducción que el arte egipcio es falto de originalidad, repetitivo a lo largo de los siglos, debido a una falta de creatividad del artista, funcionario al servicio de los templos o de los reyes. Efectivamente el artesano (no existe término que identifique al artista) debe crear según unas normas y cánones ya establecidos y vigentes durante siglos. Esto se traduce en unos principios básicos de creación. Podemos, entonces hablar de:

  • Representación bidimensional
  • Frontalidad
  • Falta de perspectiva
  • Horizontalidad
Todos sabemos reconocer el arte egipcio, fundamentalmente los relieves y pinturas, aunque no distingamos los períodos históricos. A nadie se le escapa ninguno de las características anteriores que convierten al arte egipcio en un arte conceptual, no perceptivo. Los factores anteriores no dejan de presentar problemas a la hora de representar ciertos objetos. ¿Qué hacer cuando un objeto incluye otro en su interior? El artista lo arreglaba representando el interior sobre el exterior. La verticalidad de los conjuntos decorativos, como jardines se representaba aplicando la horizontalidad a todo el conjunto.

Cuando vemos una pintura observamos una clara falta de perspectiva. Todos los relieves y pinturas se creaban en líneas horizontales de mayor a menor tamaño que, aunque a quien lo observa no le da ninguna sensación de profundidad sino más bien de secuencialidad de escenas se consigue aplicar el concepto. Las líneas superiores de menor tamaño representan el fondo de la imagen y las inferiores los primeros planos.

El artista dibuja los objetos de frente, pero no todos. Si observamos los retratos vemos que  el cuerpo se divide representando cada una de las partes de la forma que parece más expresiva; el ojo y los hombros de frente, la cara, piernas pies, ombligo y senos de perfil y el busto de frente, aunque con el tiempo se colocará en 3/4. Lo que se persigue no es la diferenciación, sino el concepto.

Además de estos principios que debía seguir el artista al realizar su obra, existían otros impuestos dependiendo de significado o destino de la obra. Cuando se realizaba una imagen de un difunto para la tumba se le representaba reconocible, pero idealizado. En el arte funerario, además debían representarse ciertos animales, considerados peligrosos para el difunto, con cuchillos sobre la espalda o sin los componentes que lo hacen peligroso, p.e. los escorpiones o las serpientes que podían complicarle la existencia al difunto en el Más Allá.

Observamos también que existen escenas en las que los hombres aparecen de diferente tamaño aún a pesar de estar en el mismo plano. El tamaño de las personas representadas dependía de su nivel jerárquico en la sociedad. Además no existen movimientos bruscos, ni siquiera en las escenas de lucha. Los ideales de belleza dominan las caras y el físico. No existen rasgos especiales y por supuesto no hay movimiento, toda la imagen es estática. Pero tampoco existe movimiento en las caras con el paso del tiempo. Se representan jóvenes y casi siempre idealizados. Los hombres se representan en color oscuro, debido a su trabajo al sol, y las mujeres en uno claro, por que pasan más tiempo en casa.

El empleo de los materiales también dependía del sentido a dar a la escena. Cuando se quería vincular directamente al rey con los cultos solares se empleaba la piedra roja. Esto fue muy frecuente en el reinado de Amenhotep III y por supuesto de Amenhotep IV (Ajenatón). Los colores estaban sujetos a una estricta normativa. El rojo se asociaba al desierto y al dios Seth, el amarillo al sol, el azul al Nilo, el negro al limo y por tanto a la fertilidad, y el verde a la fecundidad. El cuerpo de Osiris, asociado con el Más Allá, pero también con la vegetación, se representa precisamente de color verde.

Todo lo expuesto anteriormente aplica a la realización oficial del artista. Como en la religión existía además un arte cotidiano, no oficial, y era aquí donde el artista podía expresar parte de su originalidad, saltándose cierta normativa que en la representación oficial sería impensable. Surgen así ciertas manifestaciones en las que se utiliza la frontalidad en las personas o se intenta aplicar cierto movimiento a escenas de danza o lucha encontradas en algunas tumbas de gente que no pertenecía a la “élite social”, sin contar con las pinturas y representaciones eróticas y caricaturistas de los personajes sociales.

El Arte en el Periodo amárnico

El periodo del Amarna supuso un torrente de cambios y novedades en el arte así como un desafío al mismo. Como consecuencia de la causa monoteísta de nuestro amigo Ajenatón (el amado de Atón) se llevó a cabo una destrucción masiva de las esculturas y retratos de las demás divinidades que serían suplantadas por la representación de Atón, en la forma del propio Ajenatón y su familia sagrada, como dioses en la tierra.

El hecho de que la iconografía quedase supeditada del día a la noche a un dios trajo una cierta inquietud con respecto al tema de la vida tras la muerte. En definitiva, trajo inseguridad. El hecho de adorar a un Dios Sol (Ra) no era una novedad, pero sí lo era el adorar sólo a un Dios. Tener sólo un protector. Existe una unión mística entre el faraón hereje y el propio Dios que llegan a fundirse en uno De ahí que de entonces en adelante ni al mismo Ajenatón, humano, se le represente como tal, sino de modo simbólico y abstracto. Este fanatismo religioso hacia el faraón recuerda a los tiempos antiguos de la IV dinastía donde el faraón se asimilaba al Dios. El escultor real Bak tuvo que saltarse los convencionalismos para contribuir de forma provechosa a la causa de su monarca reconvertido siguiendo las instrucciones del mismo.

Ajenatón

El arte que surge en este periodo es un arte expresionista, antinaturalista y simbólico. Contiene en él un factor muy importante que va a determinar el ARTE: el poder de la creación, tanto masculino como femenino: de ahí que el escultor plasme el carácter hermafrodita en las representaciones del faraón de entonces en adelante. Este hermafroditismo se denota en el modo en que se representa al faraón en algunas esculturas e incluso pinturas; con las caderas anchas, el vientre abultado, vislumbrados ligeramente los pechos, etc. Se trata de una anatomía simbólica, de rasgos exagerados y facciones alargadas que denotan la clara estilización de las figuras. Es por tanto un arte mental, no naturalista.

Con respecto a la arquitectura este periodo introduce novedades también. Se mantiene el pilono a la entrada del templo pero desaparece la sala hipóstila (que representaba el pantano primordial: las columnas eran como papiros que crecían en él, el templo era como la representación del microcosmos) así como se suprime el santuario cubierto. Atón era incompatible con la oscuridad. Todo se veía de un modo más abierto, más fresco, más amplio. Se introducen los grandes patios descubiertos con altares para sacrificios para Atón (se representaba muchas veces a Nefertiti haciendo ofrendas). Se inventó además un nuevo sistema de construcción para la neo-capital: pequeños sillares: talatats o talatatos que eran más fáciles de transportar y de usar de modo que todo se hizo mucho más rápido. Una ciudad surgió de la nada. Tras la muerte del faraón este material se abandonó y  no se uso hasta épocas más posteriores. Este sistema se utilizó para los templos, para los palacios se usaba el adobe. Estas características en el campo de las templos se pueden apreciar en el Templo de Atón en Karnak (al oeste del Templo de Amón). Con respecto a los palacios (Palacio de Amarna) las novedades se aprecian en las pinturas que decoran las paredes. Las composiciones son unitarias, no en registros que era lo que se venía haciendo desde el principio de los tiempos. Se representa al faraón y Nefertiti con sus hijas pequeñas. Destaca la naturalidad siempre y la riqueza del color perdiendo protagonismo el dibujo.

El cráneo de las figuras aparece apepinado lo que supone ese rasgo distinto que los diferenciaba del resto de los mortales por ser ellos dioses en la tierra. Se marca por primera vez sistemáticamente un pie derecho y un pie izquierdo   así como manos derechas e izquierdas. La flora y la fauna que adornan el fondo de las composiciones aparecen más naturalistas que nunca, parece como si ´el aire les moviese´. Aún aparecen ciertos convencionalismos como el agua, representada con líneas y de modo muy arcaico.

Las estelas encontradas entre las ruinas de las casas de Amarna reproducen en pequeño escenas de los palacios y los templos con sus dioses: Ajenatón y su familia, que adornaban las casas como objetos de devoción y culto privado.

A Atón se le representa como un círculo solar muchas veces, del que salen manos (que acarician a la humanidad) y a menudo una de ellas ofrece el anj al faraón. Al representar al faraón en familia, por primera vez existe una constancia de estar representando un acto intrascendente, una escena cotidiana y de  intimidad que se llena sorprendentemente de ternura y afectividad, lo nunca visto! Los niños aparecen metiéndose el dedo en la boca, agarrando a su madre o a su padre. Las vestimentas aparecen refinadamente representadas, con gran exquisitez y delicadeza. Continúa la diferencia en la tonalidad de las pieles (hombre: más oscura, mujer: más clara). Por otro lado las figuras aparecen un tanto rablandecidas, fofas. A nefertiti se la consideraba una diosa del amor (´la señora del goce´) y se la  representa siempre con realismo y sensibilidad y muy a menudo portando vestimentas muy transparentes que dejan translucir la anatomía, poniendo en evidencia su belleza divina.

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