Los Textos de las Pirámides

Francisco López y Rosa Thode –  diciembre de 2000

Introducción

Se conocen como ‘Textos de las Pirámides’ una colección de textos religiosos grabados en las paredes de las pirámides de reyes y reinas a partir de la V Dinastía. Constituyen el conjunto de escritos religiosos más antiguos hasta ahora descubiertos y nos dan a conocer rituales funerarios, ceremonias religiosas, ofrendas, fórmulas mágicas y en general todo lo que podía proporcionar el bienestar del rey muerto y facilitar su nueva existencia en el Más Allá.

Se escribieron durante las dinastías V a VIII. Los más antiguos fueron descubiertos en la pirámide de Unis, último faraón de la V dinastía, conocida por lo egipcios como ‘Perfectos son los lugares de Unis’. También se encuentran en las pirámides de Teti, Meryra-Pepy (Pepi I), Merenra-Antyemsaf (Merenra), Neferkara-Pepy (Pepi II) y Kakara Ibi (Aba) y en las de las esposas de Neferkara-Pepy: Neit, Iput y Udyebten, todas ellas en la necrópolis de Saqqara. Algunos de estos pasajes aparecerán luego grabados en tumbas de nobles de los Reinos Medio y Nuevo y del Período Tardío. Posteriormente se añadieron nuevas fórmulas de acuerdo con la propia evolución de las ideas religiosas, dando lugar a los llamados Textos de los Sarcófagos, en el Reino Medio, y más tarde, el Libro de los Muertos.

Si bien los textos escritos más antiguos pertenecen a finales de la V dinastía, representan ideas religiosas mucho más antiguas y algunos pueden datarse en los inicios de la civilización egipcia. Existen pasajes de los que ya tenemos noticias en estelas y mastabas de las dos primeras dinastías. Esto nos puede dar una idea de la importancia de los textos que ya en el año 2300 a.C. reflejaban un sistema religioso que, mucho antes de ser escrito en las paredes de las pirámides, los egipcios habían formulado, buscando los orígenes de la vida y el futuro después de la muerte y que debió transmitirse a lo largo de los años sin que haya constancia de escrito alguno previo.

Estructura de los textos

No se trata de relatos ni narraciones secuenciales, sino de extractos de las teorías de la creación, de las luchas entre Horus y Seth, diferentes leyendas y sobre todo textos de ascensión, de resurrección o identificación con los dioses. Esto lógicamente nos hace pensar que cuando fueron recopilados, las leyendas debían ser ya ampliamente conocidas, al menos en los círculos religiosos, por lo que es muy posible que estuviesen escritas, bien en otros monumentos menos duraderos, bien en papiros, mucho antes de ser grabadas en la pirámide de Unis.

Pirámide de Unis. Fotografía de Elisa Castel.La pirámide de Unis, la primera en la que se escribieron, consta únicamente de 228 declaraciones, a las que se añadieron, en construcciones posteriores, mas del triple, hasta completar las 712 que aparecen en la de Pepi II, la más completa de todas. Los textos de la pirámide de Kakara Ibi, un faraón de la VIII dinastía se han utilizado para cubrir las lagunas existentes en las otras pirámides, pues, a pesar de que el lenguaje empleado en ellos parece no ser posterior a la V dinastía, el conjunto general representa una variante y se aleja de las formas empleadas en los textos más antiguos.

Las declaraciones se distribuyen por todas las salas, corredores de acceso, antecámara o cámara funeraria, pero no en el serdab. Los textos se encuentran agrupados en columnas y separados por líneas de división, que bien pudieron ser trazadas antes de realizar los jeroglíficos, pues al menos en la pirámide de Unis, se observa que las columnas son del mismo ancho. En algunas, estaban policromados y conservan aún restos del color original. Comienzan con la frase Dd mdw (“palabras para ser dichas”), aunque en la pirámide de Unis sólo aparece al principio de la obra, y acaban con la palabra Hwt correspondiente al término “morada” o “residencia.”

La numeración de las fórmulas fue establecida por Sethe y, aunque aparentemente no parece la más apropiada, hay que decir que cualquier otra secuencia tampoco conduce a una disposición lógica. Si partimos de la base de que la distribución se ajusta a un recorrido relacionado con los oficios fúnebres, un sacerdote iría leyendo los textos desde la entrada de la pirámide hacia el interior o bien realizaría la lectura a la vuelta del ritual. La estructura y numeración realizada por Sethe, que se ha mantenido como norma, comienza en la pared de la cámara funeraria y a través del corredor de acceso finaliza en el corredor de la entrada, ajustándose más al segundo caso, al ritual inverso, que al primero. De cualquier forma, leídos en uno u otro sentido no parece existir un orden secuencial y hasta ahora no es posible determinar una estructura de ubicación lógica. Por otra parte resulta difícil pensar que los oficios de Pepi II incluyesen la lectura de todos y cada uno de los pasajes grabados en la pirámide. Además hay que hacer notar que si bien en diferentes pirámides hay declaraciones ubicadas en los mismos lugares, también es cierto que existen pasajes que aparecen en zonas diferentes e incluso dentro de la misma pirámide hay textos repetidos, con variantes, distribuidos en cámaras diferentes.

A cada una de las fórmulas Sethe las denominó ‘Spruch’ y Faulkner ‘Utterances’ por empezar con la frase ‘palabras para ser dichas’ y nosotros las hemos traducido por ‘Declaraciones’ por tratarse de fórmulas orales. El hecho de que sean precisamente oraciones funerarias implica la no existencia de textos descriptivos que nos den a conocer de forma clara los pensamientos religiosos, las leyendas, las teorías, los lugares o dioses y las referencias son simplemente tangenciales. Por ejemplo no contamos con una definición cartográfica de las diferentes zonas que componen el Más Allá, algo que sí aparece en textos de períodos posteriores, ni de un relato de las luchas entre Horus y Seth, sino breves indicaciones, a veces contradictorias, a este u otros acontecimientos.

Objetivo

Sethe pensaba que podían haber sido textos transmitidos de tiempos muy antiguos mediante tradición oral. Un análisis individual de algunos pasajes si podría llevarnos a esta conclusión, pero un estudio en conjunto de todos los textos hace pensar que se trata de una recopilación desordenada de un sistema cosmológico y religioso muy avanzado, pero a la vez no pulido, y no de un simple compendio de mitos o leyendas locales. Por otra parte parece aceptado por la mayoría de autores, eso sí, con variaciones de interpretación, que los textos representan letanías recitadas durante los rituales fúnebres, por los sacerdotes encargados de oficiar el entierro.

A pesar de que no conocemos con claridad la intención precisa sí podemos confirmar que fueron escritos para asegurar la resurrección del faraón y su supervivencia y bienestar en el Más Allá, para lo que contaba con la ayuda de las fórmulas que le permitirían librarse de los peligros topográficos, de los animales dispuestos a acecharle, junto con rituales de incensación, ofrendas de comida, bebida y vestuario, etc. Pero existe un segundo objetivo, mucho más importante, que pasa por la transformación del rey difunto en un aj, el más importante de todos los ajs que habitaban el Más Allá, un paso intermedio hacia el definitivo estado divino, con el que su inmortalidad quedaría asegurada. Esto se conseguía proporcionándole los medios necesarios para ascender al cielo como una estrella, convirtiéndose en el más poderoso de los seres que habitaban el nuevo mundo al que pertenecía. En este sentido es de destacar la gran cantidad de declaraciones en las que se le facilita al rey un medio para ascender al cielo o transfigurarse en un ser divino.

Pirámide de Teti. Fotografía de los autores

Todo podía obtenerse mediante el poder mágico de la escritura y la palabra. Cuando los textos eran leídos las palabras mágicas podían hacer volver a la vida al difunto. De ahí que los enemigos del faraón en su viaje al Mas Allá aparezcan mutilados. Si recobraban la vida no representarían un problema para el difunto. Llama la atención que la pirámide de Unis, la primera en la que se grabaron los textos, es la única en la que no se cumple esta regla y los enemigos del rey no aparecen mutilados. Además los textos en los que se encuentra el dios Seth, en la pirámide de Teti, sólo aparecen escritos fonéticamente, mientras que en la de Unis aparece representado el animal asociado a la divinidad.

En los textos se observan dos teorías cosmológicas; por una parte mitos solares, contemporáneos de los faraones que mandaron escribirlos y por otra unas ideas más antiguas relacionadas con la mitología estelar. En la primera el faraón es conducido hacia el dios solar Ra, mientras que en la segunda el camino a emprender se dirige a las estrellas circumpolares, aquellas que por no desaparecer nunca del cielo nocturno eran consideradas inmortales. Para J.P Allen ésta identificación constante del rey con las estrellas imperecederas refleja la marca distintiva de la nueva existencia del rey difunto frente al rey vivo y que no es otra que la inmutabilidad, y la eternidad, conceptos que aparecen también asociados al proceso de momificación y a la construcción del complejo piramidal. (Cosm p.1). Este es el primer cambio reflejado en la nueva existencia del rey, que se transforma desde una vida marcada por inevitables cambios físicos y con medida del tiempo en otra existencia eterna e inmutable que cambia sólo cuando él lo decide.

La duración de la vida del rey es La Recurrencia Eterna
Su límite es la Identidad Eterna,
En ese su privilegio de ‘Cuando le gusta, lo hace;
Cuando no le gusta, no tiene que hacerlo’

(Pir. 412a-b, traducción recogida por J. P. Allen, Cosm. p. 2. La traducción de Faulkner es ligeramente diferente).

A pesar del predominio de las teorías celestes y de las alusiones a Horus como dios de los cielos, con el que el rey vivo queda identificado, también, el rey difunto es ya identificado con Osiris y aparecen pasajes relativos a las teorías osiríacas y a los mitos relacionados con su desmembramiento y muerte. Por otra parte las teorías cosmológicas identifican al rey con Atum o Ra como demiurgos. El Rey es creado antes que cualquier otro ser. Tanto los elementos materiales como las ideas abstractas aparecen después de que el Rey ‘venga a la existencia’, frase que se repite constantemente en muchos pasajes de los textos. Pero antes que él existía el Nun, el caos primordial del que después surgirá todo lo que compone la vida y que parece ser una masa líquida. Para J.P. Allen, que utiliza el término Abismo, “se trata de una extensión insondable sobre el cielo que se encuentra en constante oscuridad, a la que no acceden ni los dioses, ni los ajs, ni el sol ni ningún habitante del mundo celeste.”

Historia de un descubrimiento

Auguste Mariette nació en Boulogne-sur-Mer en el año 1821 y llegó a Egipto en 1850 con la intención de realizar un inventario de los manuscritos coptos que se conservaban en algunos monasterios. La tarea que aparentemente resultaba fácil se complicó, y Mariette no obtenía los permisos necesarios para llevar a cabo su trabajo, por lo que se instaló en una tienda frente a las pirámides con la intención de estudiar los monumentos de la antigüedad. En 1880, tras haber realizado trabajos que le llevaron a descubrir el Serapeum, Mariette obtuvo del gobierno francés dinero para realizar excavaciones, con la condición de que abriese al menos una de las pirámides de Saqqara. Hasta ese momento se creía que las pirámides no aportarían inscripción alguna. Ciertamente no existía razón para pensar lo contrario, puesto que en ninguna de las exploradas hasta entonces se habían encontrado inscripciones. A pesar de que Mariette consideraba que las pirámides del recinto no le iban a reportar ningún descubrimiento debía cumplir las condiciones impuestas por Francia. En Mayo de ese mismo años, mientras se encontraba en Francia, Mohamed Chahin abrió la de Pepi I, descubriendo los primeros textos que fueron copiados por Emile Brugsch, conservador del Museo Bulaq. Maspero fue el encargado de traducir estos primeros textos, enviados por Mariette. Meses después cuando volvió a Egipto se abrió la pirámide de Merenra. El 18 de Enero de 1881 Mariette murió sin conocer la importancia real de los textos descubiertos. Algunos días antes de su muerte había llegado a El Cairo Maspero, su sucesor. Fue él quien continuó la búsqueda de los textos, ayudado económicamente por J. M. Cook. Durante los meses siguientes continuaron las visitas a las pirámides de Pepi I y Merenra en las que se copiaban más textos, además de abrir la de Unis y Teti. Al año siguiente comenzó lo que sería la primera traducción de los textos de las pirámides en la obra ‘La Pyramide du roi Ounas’ que se alargaría hasta 1892. En 1894 se publicó un volumen único con todos los artículos realizados a lo largo de esos años. Mucho después, se descubrieron las pirámides de las 3 esposas principales de Pepi II : las reinas Udyebten (1925), Neit e Iput (1931 – 1932), además de la de Kakara Ibi. El conjunto de todas estas recopilaciones de textos, junto con los que se encontraron en años posteriores, ya con una importancia mucho menor, es lo que se ha llamado ‘Textos de las Pirámides’.

Historial de traducciones y trabajos

El primer intento de copia y traducción organizada de los textos fue de Maspero, que desde 1882 hasta 1892 escribió sucesivos artículos en el ‘Recueil de travaux relatifs à la philologie et l’archéologie égyptiennes et assyriennes’ en los que se iban recopilando y traduciendo los textos. El encargado de copiar los textos era Emile Brugsch, empleando un método que fue desastroso para los originales, pues se impregnaban con una masa de papel, lo cual produjo la pérdida de color de las inscripciones originales. Estos artículos fueron recopilados en 1894 en un volumen publicado bajo el título ‘Les Inscriptions des pyramides de Saqqarah’. En 1910 Kurt Sethe publicó la primera edición en la que se recogían los textos jeroglíficos agrupados en 741 fórmulas o recitaciones que denominó ‘Spruche’. En esta edición, fundamental para el estudio de los textos, Sethe agrupó los jeroglíficos de las distintas pirámides en columnas paralelas con secciones numeradas. Esta división es la que se ha mantenido desde entonces, si bien Faulkner la amplió hasta 759 en su edición de 1969. La obra de Sethe apareció en 2 volúmenes titulados ‘Die Altaegyptischen Pyramidentexte nach den Papierabdrücken und Photographien des Berliner Museums’. El primer volumen, de 1908, recoge las inscripciones 1 a 468 (secciones 1 a 905) , y el segundo, de 1910 de la 469 a la 714 ( secciones 906 a 2217 ). 10 años después publicó ‘Kritischer Apparat’, en la que se recogían índices y notas. Desgraciadamente Sethe murió en 1934 antes de poder revisar y completar su obra, en la que estuvo trabajando hasta su muerte. En 1962 se publicaron los 6 volúmenes póstumos bajo el título’Übersetzung und Kommentar zu den altägyptischen Pyramidentexten’.

En 1912 Breasted, partiendo de los primeros textos de Sethe, publicó su obra ‘Development of Religion and Thought in Ancient Egypt’ en la que incorporaba muchas citas. Louis Speleers, en 1923, publicó un índice y una traducción al francés recogidos en la obra ‘Textes des Pyramides égyptiennes’. Esta obra fue muy criticada por algunos egiptólogos. 40 años después de la publicación de Sethe apareció la versión inglesa de Mercer en 4 volúmenes bajo el título ‘The Pyramid Texts in Translation and Commentary’. Son destacables también las publicaciones de G. Jéquier, ‘Le monument funéraire de Pepi II’, ‘La pyramide d’Oudjebten’, ‘Les pyramides des reines Neit et Apouit’ y ‘La pyramide d’Aba’ y fundamentalmente la obra de R.O. Faulkner ‘The ancient Egyptian Pyramid Texts’ (Oxford 1969) en la que recogía los 741 fórmulas originales de Sethe y 18 nuevas, aportadas por los recientes descubrimientos. Por último son destacables la obra de Alexandre Piankoff ‘The Pyramid of Unas : texts translated with commentary’ (Princeton, 1968), primera traducción integra de los textos de la pirámide de Unis y la de J. Leclant, ‘Reserches récentes sur les Textes des Pyramides et les pyramides à textes de Saqqarah’, Académie Royale de Belgiques: Bulletin de la Classe des Lettres et des Sciences Morales et Pollitiques, 5 série, Tome LXXI (1985, 10-11), pp. 292-305.

Índice de textos
Traducción íntegra de los Textos de las Pirámides al Castellano.

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